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30 de septiembre de 2020

Por una selva oscura

Mi ritrovai per una selva oscura,
ché la diritta via era smarrita.

Escupir a los cielos

Es lo que tiene
Encógese la boca
De la que parte el salivazo
Antes de la fulguración
De los castigos

Nos creímos los reyes
De tu carne y de tus dones madre
Dueños de tus criaturas
Cociéndonos en nuestra propia baba
De fuegos de artificio
Lo llamamos progreso

Esclavos de nuestra ignorancia
Abortos de egoísmo
Títeres de la muerte
Damos vueltas y vueltas
En esta selva oscura
Entretanto escupimos



 

15 de septiembre de 2020

"Passer domesticus"


Rebuscan en un parterre de la estación. Golosinean chucherías lejos de la amenaza verde y estridente de las cotorras. Se bañan en la tierra que se abre al plumón bajo los árboles.

¿A cuál de los enmascarados escogerá para enviar un trino de añoranza o deseo a su adorada Lesbia?

¿Cuál le recordará a la miserable y alicorta criatura que prefirió el calor de la jaula a alzar el vuelo?


23 de agosto de 2017

Tránsito

A un costado y al otro
Acecha el tiempo


Y su ceniza llueve
Sobre el lugar que ocupo


Fugaz

5 de octubre de 2016

Álamo en otoño





Al final del camino,
Un álamo guarda tu rostro
Como una señal ilegible
Grabada a navaja en el tronco.
El árbol se mira en el río
Sin reconocer los despojos
Que la corriente arrastra
A la cueva de su tesoro.

8 de junio de 2016

Poetas

Caminaba, hace algo más de un mes, sin rumbo por el barrio. En el escaparate de una librería de lance que no recordaba estuviera allí, mis ojos se detuvieron en un ejemplar de Dardo, el caballo del bosque, novela para jóvenes de Rafael Morales. La memoria, que sigue su propia rosa náutica, me llevó entonces a mis últimos años de instituto, pues fue en el Emilio Castelar donde conocí al poeta talaverano, primero como callado y atento oyente de la lectura que hizo de un puñado de sus poemas; después, como nervioso y abrumado poeta adolescente al que un jurado de poetas del que formó parte Morales había premiado unos versos que ahora me parecen, si no horrorosos, fallidos y torpes. Don Rafael fue el encargado de darme ánimos y de aleccionarme para recitar de manera decorosa el texto galardonado.

De la bonhomía del personaje, que arropaba con su bufanda y su “loden” verde, tuve que enterarme más tarde, ya que fui alumno suyo dos años en la Complutense. Sus clases, obviamente, estaban llenas de poesía, la del Siglo de Oro, en demérito, todo hay que decirlo, de la prosa. Lo último que supe de Rafael Morales, antes de la noticia de su muerte, fue que se había quedado ciego, dolorosa y desconsoladamente ciego, aunque Concha Barba, su mujer, se desviviera por paliar la ceguera.

El Castelar, el Kremlin de Carabanchel, era, a finales de los setenta, un hervidero en el que lo mismo actuaban los Ñu o el grupo Tábano, como a los Guerrilleros de Cristo Rey les daba por quemar el coche de Joaquín Benito de Lucas, el director del instituto. Joaquín Benito de Lucas es poeta, talaverano también, como Rafael Morales. Supongo que a Benito de Lucas se debió en buena medida que las mañanas de los sábados fueran tiempo reservado en el Castelar para la poesía. La presencia y la palabra de Eladio Cabañero, Ángel García López o Claudio Rodríguez, entre otros, abrieron aún más los sentidos de un puñado de jóvenes letraheridos a los hechizos de las musas. Probablemente, varios de esos jóvenes participaban en el animado grupo que organizó un homenaje a José Hierro, con canto a varias voces del poema “Razón” incluido, al que alguien del grupo puso música. Supongo que Margarita, profesora del centro e hija del poeta, andaría por allí y oiría, como yo, el homenaje, teñido de nostalgia, de José Hierro a Julio Maruri y, sobre todo, a José Luis Hidalgo. Quizá la memoria confunde vientos y estrellas, pues han sido varias las ocasiones en que he disfrutado del privilegio de escuchar de cerca a Hierro, pero creo recordar que alguien le preguntó, parafraseando los versos de “No cantaré ya nunca más”: “¿Por qué se le ha secado el canto en la garganta?”.

Antologías aparte, José Hierro había publicado Libro de las alucinaciones en 1964. Agenda se hizo esperar hasta 1991. Años de silencio en las imprentas que pueden explicarse por diversas razones. Me importa puntualizar que, dejando a un lado todo tipo de ilusiones o aspiraciones, la poesía ya había dejado de ser un arma cargada de futuro desde hacía tiempo, si pensamos en la mayoría. Poco importa que la premien cenicientas transformadas en reinas o que presidentes de gobiernos se fotografíen con vates en sillas de ruedas. Nombrar lo perecedero, por otra parte, siempre ha sido tarea, por lo menos, ingrata, por mucho que en una capilla se inciense el intento. En cuanto a la modélica Transición, hubo, sí, mucho buen verso a verso, acompañado de golpes y golpes que, para quien de vez en cuando se acuerda, aunque sea discretamente, dibujan unos trazos que no acaban de concordar con la cuadrícula oficializada. Acudo ahora a mi experiencia: no fueron buenos los versos que recité en el Emilio Castelar cuando, en 1980, se me invitó a tomar parte en un acto de protesta por el asesinato de Yolanda González.

Tengo que volver a la dirección trazada al principio, y al azar, en el plano del horizonte. Así que las sinapsis de mis neuronas me encaminan de nuevo a esa librería de lance en la que, como habrá podido adivinar el hipócrita lector, acabé entrando para hacerme, gracias a un euro bendito, con Dardo. La costumbre y la querencia me llevaron a recorrer los improvisados anaqueles, en los que destacaban por doquiera libros de, o sobre, Mario Conde. El caprichoso azar me deparó unir a la novela de Rafael Morales el ensayo sobre José Luis Hidalgo que Aurelio García Cantalapiedra publicó en Taurus. Ya es casualidad que ambos libros lleven una dedicatoria de quien lo adquirió por primera vez a otra persona. Pero como este tipo de notas suelen despertar mi pudor, acabo aquí de abusar de la paciencia de quien, seguramente, se haya acercado a leer esto por casualidad.

  • La imagen, cuyo autor es Basquetteur, se publica con licencia Creative Commons BY-SA 3.0.


20 de marzo de 2016

Al pasar por Toledo

Camino del puente de San Martín, pasamos por delante de la Venta del Alma a bordo del tren turístico. Es lo que tiene ir de excursión con un grupo de quinceañeros. Mientras los chicos alborotan en el coche de cola saludando a todo ser viviente y semoviente con gran algazara, se me ocurre hacer una gracia para desconcertar a los profesores con los que comparto asiento, muy atareados en lograr que, de los auriculares que nos han  proporcionado, les llegue la locución grabada sin interferencias. “Voy a pedir al maquinista que pare en la venta, a ver si encuentro en ella el alma que me falta”, digo.

Torre de San Román
Interior de San Román


















De almas, si es que existen, algo entendía Garcilaso. Sin embargo, a través de la malla que cubre los vanos de la torre de San Román, vuelvo a observar desde lo alto la estatua del poeta del dolorido sentir y se me antoja demasiado gallarda, demasiado altiva. Hay unos muchachos cantando rap en un rincón de la plaza. Quizá recitan las mismas rimas de un tal Rayden que uno de mis alumnos fusiló para solventar de mala manera el difícil trago de componer un texto en verso que recrease el tópico del “carpe diem”. No es, en verdad, fácil tarea si en el oído solo se tienen las síncopas de los raperos.

Estatua de Garcilaso en la plaza de San Román

Aguardamos el turno de ingresar en la sinagoga del Tránsito. Una vez dentro, mientras admiro los frisos de la sala de oración, el pensamiento se me va hacia unos versos que no acaban de complacerme:

Mira que la sombra acecha 
Y baila con la ceniza
Cuando el paso detienes
A las flores y a la brisa.

Corre y que tu luz estalle 
De aromas y prenda el viento
Con los sones de tu boca,
Contra la usura del tiempo.

Interior de la sinagoga del Tránsito
Estatua de Samuel Leví

















La usura del tiempo, ayudada de las personas, terminó convirtiendo la sinagoga en iglesia de los calatravos. La justicia ha devuelto parte del trigo a su dueño: seguramente Samuel Leví estaría satisfecho de que el templo que apadrinó sea ahora la sede del Museo Sefardí. Pero no es esto lo que digo en respuesta a una compañera que me propone aportar un granito de arena a las explicaciones que ha estado dando. Así que, teniendo en cuenta la proximidad de la Semana Santa y que no es imposible que buena parte de los chicos se encuentren, a tuerto o a derecho, con una procesión, intento llamar su atención sobre los motivos vegetales, geométricos y epigráficos que, a semejanza de las mezquitas y a diferencia de los cristos llagados y las vírgenes de corazón asaeteado de muchas iglesias católicas, adornan la sinagoga.

Mezquita de Bab al-Mardum
Bóveda de la mezquita

















Aunque se me aduce que construir sobre lo edificado y lo derribado es una constante histórica, no hago mucho caso, pues hoy, sobre todo ante la ermita del Cristo de la Luz, o mezquita de Bab al-Mardum, me siento mudéjar, como hubiera querido don Américo Castro.


  • Atribución de las imágenes. Las dos primeras imágenes se publican, por cortesía de sus autores, EmDee y José Luis Filpo, con licencias CC BY-SA 3.0. y BY 3.0. respectivamente. Las de la mezquita, con licencias CC BY-SA 3.0., para la primera, y BY 2.0. para la segunda; sus autores: PMRMaeyaert y Pedronchi, respectivamente. El resto son de dominio público.

10 de febrero de 2016

Carnestolendas


A beautiful bunch o' ripe banana,
daylight come and me wan' go home,
hide the deadly black tarantula,
daylight come and me wan' go home.

                (Irving Burgie, William Attaway)



Para cambiar por unas horas
La apariencia fugaz
De la vida, no su sentido,
Tiñes la peluca de plata y oro.
Un traje raído a propósito,
Unas ceras y algodón
Que coloreas una vez pegado
Al rostro vuelto máscara,
Completan la añagaza.

No ven la carga de fantasmas
Los vivos que celebran
Tu representación;
Mas tú ves cómo danzan y sonríen
En un intento efímero
De borrar con sus pasos
La cuenta de los días,
La tarántula negra oculta
En los racimos de la luz.



Aunque no es un calipso
Lo que se escucha en el vagido
De este miércoles de ceniza
Y no te parta el lomo
La United Fruit Company,
También quieres volver a casa.

25 de enero de 2016

Juegan

Piedra es el corazón.
El cerebro es de piedra.
Mineralizada la sangre,
Mineralizada la idea
Por la vacuidad que trasmina
Juicios y emociones en venta.
¡No haberla lanzado con honda
O a mano pelada y abierta!

Las voces no se yerguen:
Naufragan y se anegan
En un papel mojado
Con una estampilla sujeta.

No la mueve la parca,
Sino quien luce más careta.
Su acero devasta,
Aun llena de orín la tijera.

Los niños juegan.
Piedra, papel, tijera.

11 de diciembre de 2015

Carteles (o cárteles)

Uno mira hacia su derecha,
Como disimulando,
Con ilusión,
En una postal de otra década.

Los otros, el de la corbata
Y su delfina,
Hacia la izquierda,
Más o menos en serio.

También estotro,
Sonrisa de seminarista progre.
Y aunque él lo diga,
No las tienes contigo si te besa.

El otro apóstol, hacia el frente,
Estreñido de comisuras,
Como de comunión,
Con la hostia del futuro atravesada.

Ellos llevan camisas blancas,
Camisas blancas
De blanco o de banco españa.

16 de abril de 2015

Bajo el cielo


Bajo el cielo de plomo flota en un vuelo lento
Una brizna, nota perdida,
Como un aliento en pena o plenitud de fuga.
Diríase una imagen deshaciéndose
O un sabor que palpita y muere
En el paladar de un recuerdo.
Golpea en una gota
De sangre o de saliva,
Como queriendo unirse a la fluencia,
Para cantarles quedo a los segundos
Que se disfrazan y abandonan
El campo al viento y a la soledad.

Entonces, aunque sea en medio de la calle
O en el centro de la rutina,
No queda otro remedio,
Celebras estar vivo,
Que el tiempo te despoje y te desnude
Y te amamante con sus pechos
De polvo y de ceniza.
Y deseas que ese compás,
Esa hebra que se desvanece,
Encarne en las fronteras
De un rostro o de esta hoja
Que recibe en silencio tus palabras.


27 de marzo de 2015

Pascua


Siempre habrá quien cuente
Las monedas de cobre
Y quien vista de negaciones
La persecución de los hombres.

Sobre el tablado lucen
Bien trajes y papeles
Criminales y cruces,
Pascuas floridas y sayones.

Leños y espinas de calvario
Que derraman la sangre
Y el sudor de los hijos
Abandonados a la muerte.

15 de marzo de 2015

Disfrazado de primavera

Hay un anuncio de un otoño
Sin frutos en los pétalos rosados,
Floración de muerte o de tránsito
En que los ciclos fijan
Por un instante que parece eterno
Su centro siempre imaginario.

Vuelvo las manos al calor
Que retoña. Con su aspereza
De tronco que se dobla a la intemperie
Te acaricio en el centro
De tu savia perecedera,
Ley y flor de mi vida.

Se juntan los labios que el viento
Mendaz, cargado de oropeles,
Estraga con su fábula.
Nuestra voz sofocada clama
Por un rescoldo en el invierno
Disfrazado de primavera.

11 de marzo de 2015

Polvos de talco



Wo sind die Tränen von gestern abend?             
Wo ist der Schnee vom vergangenen Jahr?
                                                                                                         
                                                B. Brecht


Sí: de aquellos polvos de antaño,
vienen lodos de hogaño.
Y, mañana, polvos de talco
para prurito o desazón.
Como la nieve,
mas sin el frío ni las lágrimas
de la tarde de ayer.

29 de septiembre de 2014

En los árboles

Decididos a apuntalar
Las hendiduras
A poner emplastos y ungüentos
Sobre las llagas que supuran
En la corteza
Vieron llover en la verdura
Las ramas desgajadas
La cruel púrpura
De las mutilaciones

Y no se quedaron las aves
En la espesura
A cantar ni a colgar sus nidos
De miel y pluma
Se fueron volando soñando
Con lunas cunas
De savias invisibles



13 de julio de 2014

Julio irredento

Corre un viento de siega
Que no levantará la podre
De esta pobre realidad.
Bajo el pellejo de la espiga
Quisiera ver el grano
De otros mundos en este mundo,
Grano grande como tu amor
Esperando las barbas
Encendidas de la cuchilla.

Es otro verano de mieses
Cegadas por los ácidos
Del estiércol al que volvemos,
Ingenuos, las espaldas,
Para sembrar de besos
La fuga y el camino.
Atrás queda un julio irredento
Que no sabe multiplicar
Los panes y las paces.

5 de junio de 2014

Cuerpo tendido

Sinto todo o meu corpo deitado na realidade,
Sei a verdade e sou feliz.
                                             Fernando Pessoa.





Ahí el cuerpo tendido sobre campo de amapolas o de grama. El sol acaricia su lomo como la mano de un dios al que ha lamido las llagas. Los dedos de plata y oro lo anegan en sensación.

Y en la sensación piensa que se cumple y completa, que toca la realidad de la flor aplastada por su peso, que la piel divina que lo roza le regala un mundo de felicidad y lo sumerge.

Ahí el cuerpo tendido, una amapola más después de sentir el frío del acero en el cuarto pétalo. Sobre el campo se desvanece el eco de la detonación.

18 de mayo de 2014

En la tierra quemada

No hay un espejo en las alturas,
Sino un abismo que señala
Con dedos vaporosos,
Con luces impasibles,
La finitud del barro
Que extraña el agua que lo forma
Y lo disuelve.

Y, en el agua, el reflejo
Es boca de cieno y espuma
Que remeda rostros movedizos
En busca de su origen abisal
O del canto de una sirena.

El camino, entonces, parece
Consistir en azogue
De piedra y fuego que calcina
La carne y la palabra,
Todo convertido en inútil
Brasa que se apaga en la apuesta,
Ceniza de su sueño.

Sin embargo, sentimos
Que es posible poner un beso
En la bruma y una caricia
De voz sumergida en el fondo,
La flor del renacer
En la tierra quemada.

13 de febrero de 2014

Nunca llegaré a Valnadú

Aunque supiera los caminos,
Nunca llegaré a Valnadú.
Cegados están por el vómito
De granito que arrojó un loco
Vanidoso, cegados
Como las fuentes, ay mis hontanillas.
Nunca llegaré a Valnadú.

Hundido en el abismo
De la soberbia, dicen
Que fue tiempo de gloria,
Lo muerto no me espera.
Nunca llegaré a Valnadú
Para poner la mano
Sobre la piedra y escupir.

Por las esquinas de la luna roja
La historia viste la mentira,
Cuarzo, feldespato, mica,
Para montar a reyes,
Cup of café con leche mientras,
En  los cascos de los cipayos.
Nunca llegaré a Valnadú.


2 de febrero de 2014

En estos abrazos

Disculpa si en estos abrazos
En que piel y piel se entreveran
Cae la ceniza del día
Como amarga simiente sin propósito
Esa nota que desafina
En el concierto de los cuerpos
En la romanza de las bocas
Esa borra de cieno turbulento
Que lavan tus caricias
Y apaciguan tus besos

Perdona que venga al amor
Con esto que se anuda
Como un despojo hambriento y huérfano
Un grano de masacre y miedo
Nacido de las zahúrdas de la historia
Una flor de expolio y delirio
Hija de la locura y la injusticia
Un trofeo de escarcha
Que cruje en la saliva
Cuando cierro los ojos

30 de enero de 2014

Crímenes


Una nota
Tiembla y horada
Como gota
De sangre en algodón
Sale en derrota
De la garganta
Sajada rota
De un niño rumano o letón
De un niño anota
Nacido búlgaro o italiano
Oh del nasciturus patriota
Nacido griego
Nacido español español