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30 de septiembre de 2017

Acción y contemplación: Corto Maltés y Bernardo Soares



Los Dioses, si son justos en su injusticia, nos conserven todavía los sueños cuando sean imposibles, y nos concedan buenos sueños, aunque sean bajos.

                                                                                                                          (Fernando Pessoa)


En Corte sconta detta arcana (en castellano, Corto en Siberia), Corto Maltés toma un té en el hogar de Vida Larga en Hong Kong y recuerda a Boca Dorada hablándole de la existencia, en su casa de Venecia, la misma en que se hallan, de una puerta que le había permitido viajar en el tiempo “como en un cuento”. Entonces, Corto dijo: “Sería bonito vivir un cuento”. Puede sorprender este deseo en boca de un aventurero que, siendo niño, se dibujó en la mano la línea de la fortuna con la navaja de afeitar de su padre y que, lanzado al mundo, conoció a Jack London, a Butch Cassidy y Sundance Kid, a Stalin, a John Reed.

No le faltan aventuras a este personaje de cuento o de novela, por lo que solo cabe pensar en un anhelo distinto: viajar al futuro y encontrar el destino que no puede leer en la cicatriz que trazó el filo de la navaja o volver al pasado. En uno u otro caso puede pesar la añoranza de Pandora Groovesmore.


En Lisboa, caminando por el Largo Conde-Barão en sentido inverso al del transporte de Corto, nos encontramos la House of Corto Maltese. Pero la puerta estaba cerrada, así que no pudimos averiguar qué clase de viaje espera al otro lado. Como estabas leyendo el Libro del desasosiego, se me ocurre ahora que, siguiendo por el Largo hasta la Rua do Arsenal, se llega a la Praça do Comércio. Hay que reconocer que la vista del Tajo desde el Terreiro do Paço invita a navegar, aunque sea con la imaginación.


Sentado en el Martihno da Arcada, ante un plato de huevos revueltos con queso, Pessoa concibió y anotó, quizá, algunas líneas que, luego, atribuyó a su Bernardo Soares. Soares es, en cierta medida, un reverso de Corto Maltés: no un hombre de acción, sino de contemplación. Sin embargo, en el Libro del desasosiego escribe: “Me encuentro descrito (en parte) en varias novelas, como protagonista de varios enredos; pero lo esencial de mi vida, lo mismo que de mi alma, es no ser nunca protagonista”. Hay en el personaje, me parece, mucho de atracción por la realidad que rechaza y en la que no encuentra lugar y que pretende sustituir por lo que llama sueños. Entre estos sueños están los del arte; sin embargo, pese a encontrar en el arte mayor realidad que en la vida (“Hay metáforas que son más reales que la gente que anda por las calles”, escribe), la sustitución no es posible y esto le produce dolor: “Hay criaturas que sufren realmente porque no han podido vivir en la vida real como el Sr. Picwick y estrechar la mano al Sr. Wardle. Soy uno de esos”.

Corto Maltés, personaje de novela o de cuento, quiere, tal vez, protagonizar una historia distinta a la que le ha tocado en suerte: cuidar, por ejemplo, de los hijos de Pandora. Bernardo Soares, trasunto, según dicen algunos, de Pessoa, quiere ser protagonista de un cuento. Dos caras de una moneda imaginaria.

26 de agosto de 2017

De museos, por Oporto y Lisboa

Paseando por la Rua das Frores en Oporto, de camino a la Ribeira o de vuelta de ella, nos tienta la posibilidad de degustar una 1906 en una cervecería que la ofrece, un poco hartos de la rutinaria Super Bock. Pero nos disuade la imagen de Cristiano Ronaldo, que sonríe desde sendas caretas que cuelgan en dos alambiques que brillan en el escaparate. 

Es comprensible que se eche mano de la imagen del reconocido futbolista como reclamo turístico. Sin embargo, nos parece que las principales ciudades portuguesas tienen alicientes más que sobrados para atraer por sí mismos no solo al turismo de masas, sino, sobre todo, al turista con inquietudes culturales.

Nos exasperan las colas que se forman, por ejemplo, para visitar la iglesia de San Francisco, el Palacio de la Bolsa o, como ya sabrá el lector de este blog, la Livraria Lello. Por eso, y porque tenemos debilidad por los espacios recoletos y los títeres, nos plantamos en el Museu das Marionetas.


















Algo parecido sucedió en Lisboa: hicimos cola para ver el Museo Nacional de Arqueología y el claustro de los Jerónimos, algo menos para la colección moderna del Gulbenkian. Pero disfrutamos, casi solos, las colecciones de tres preciosos museos que, suponemos, al no ser de fácil acceso o al estar fuera de las rutas al uso, pasan desapercibidos al visitante foráneo.

El Museu da Marioneta de Lisboa, situado en la Rua da Esperança, posee unos fondos más numerosos, variados y sorprendentes que el de Oporto.



Para llegar al Museu Nacional do Teatro e da Dança, que ocupa lo que fue el Palácio do Monteiro-Mor en el Paço do Lumiar, tuvimos que echar mano del “gps” de tu móvil. Pero mereció la pena el paseo para ser sorprendidos no solo por las maravillas de la colección, sino por la amabilidad, un tanto apremiante en algún caso, de los encargados. En el exterior del palacio y en el parque nos asalta, es un decir, la visión de las máquinas que, para la representación del Romagem dos agravados de Gil Vicente, diseñó José Carlos Barros inspirándose en el Bosco.












Dentro, figurines, diseños, trajes, carteles, un impresionante órgano de luces... Una delicia. Sin olvidar la interesante conversación que mantuvimos con el vigilante de la exposición temporal dedicada a António Soares, que versó sobre la historia del teatro de revista portugués y el perjuicio que el turismo está causando a la economía doméstica de los lisboetas.


















Para caretas o máscaras, nos quedamos con las del Museu do Oriente. Y con los muebles, los trajes, los instrumentos musicales, las marionetas, las fotos de Nuno Lobito y de João Martins Pereira... Y toda la planta dedicada a la ópera china.































No nos paramos en la exposición dedicada al Zeca Afonso, pero en las escaleras del Museu pudo escucharse mi voz entonando “Grândola, vila morena”. Dudo que la mayor parte de los admiradores o seguidores de CR7 sean capaces de hacer algo parecido.