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21 de noviembre de 2012

Hacer girar el Sol alrededor de la Tierra


En la primera escena de Vida de Galileo, el científico pisano hace ver a Andrea, un mozo de diez años hijo de la criada, la posibilidad de que la Tierra gire alrededor del Sol mediante un juego. Antes, Galileo le asegura a Andrea que, en muy poco tiempo, los hijos de las pescaderas irán a la escuela.

Hoy, el hijo de la pescadera va, efectivamente, a la escuela. Pero continuar en ella le va a resultar cada vez más difícil, sobre todo si no tiene más recursos que su inteligencia y su apetencia de saber. La ley que Wert está terminando de cocinar en su rebotica neoliberal diseña el camino que el estudiante del futuro inmediato habrá de recorrer como una pista americana o, así se viene diciendo con bastante buen juicio, una carrera de obstáculos. La meta no es la formación o el saber en sí, ni el enriquecimiento intelectual, sino promover “la competitividad de la economía y el nivel de prosperidad de un país”.  Es cierto que el anteproyecto de la LOMCE habla también de desarrollo personal y de ventajas “simbólicas”, pero se hacen depender demasiado estas de las “materiales”.

El hijo de la pescadera del barrio quizá quiera ser de mayor abogado o periodista, como sus colegas europeos. Las ciencias, tan importantes para la economía según la Comisión Europea, no interesan a los jóvenes. Ni la Comisión Europea ni el ministro menestra Wert se plantean otro recurso que la reválida continua y la segregación curricular en pos de resultados numéricos. Poco importa que el modelo de sociedad que, implícita y explícitamente, defienden ofrezca como arquetipos para emular a Cristiano Ronaldo o a un rey designado por un dictador, por citar solo unos ejemplos.

Al hijo de la pescadera, en fin, quizá le enamore, como a Andrea, la Hidráulica. Pero para completar, como este, estudios en Amsterdam, le hará falta algo más que un tupper. No se dará cuenta, seguramente, de que hay quien quiere hacer girar el Sol alrededor de la Tierra.