La torre de los sueños, el abatido faro
donde, por aquel tiempo, proyectábamos
castillos que la mar respetaría
¿en qué han parado sino en el temblor?
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Entre estos intervalos de esplendor
se deslizaba el tiempo como un buque
con las luces cegadas. el gobernalle roto
y una leve modorra en el pasaje
que en vano interrogaba a la marinería
por el dudoso muelle del atraque final.
Antonio Martínez Sarrión.
Aunque acabo de mirar la información de temperatura en el portátil, el título es, también, el de una canción de Radio Futura. Hay algo más de un montón de huesos con algo de pellejo alrededor enfrentado a la página, hay algo más de una musiquilla inane cuyas notas resbalan, como el sudor, por la pendiente, hecha piel o corteza, del tedio o de la acedía.
Qué importan himnos sin letra ni maldecir entre dientes a manes, lares o penates, patricios o plebeyos. Algarabía, murmullo o silencio nada pueden contra la derrota o la deriva del buque, si en las escalas el sufrimiento sofoca el esplendor.
Hay, antes que un cadáver desnudo o amortajado, este temblor.
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