Páginas

Mostrando entradas con la etiqueta Letras con jugo. Mostrar todas las entradas
Mostrando entradas con la etiqueta Letras con jugo. Mostrar todas las entradas

2 de octubre de 2012

Tengo un sueño


La tragedia de los Kennedy,
La de los refugiados, 
El SIDA y sus apestados,
Fotos de Hiroshima, 
El Holocausto y Kosovo,
Saddam Hussein, Tim McVeigh, 
El ataque al World Trade,
Rehenes en Bosnia, 
Atrocidades, Sudáfrica,
El aborto y Kevorkian, 
Vietnam, napalm,
Lady Di, y Lennon asesinado, 
Columbine,
“Tengo un  sueño: que un día...”, 
Rodney King, O.J.,
Símbolos de nuestra vida 
Y nuestros tiempos,
“Un salto de gigante 
para la humanidad”.


No voy a hacer apología ni exégesis de la enumeración caótica. Por ahí están las palabras de algunos maestros que, como Borges, lo hacen mejor. La letra de “Coda: I Have A Dream”, la canción de King Crimson que se lee al comienzo de este escrito, es una buena muestra, me parece. Como resumen del caótico siglo XX, seguramente no dejase insatisfechos a muchos anglosajones de buen corazón. Sin embargo, sin tratar de enmendarle la plana al combo de Robert Fripp, si quisiéramos españolizar un poco el mensaje, probablemente más de un compatriota, le guste o no mirarse el ombligo, cambiaría algunos datos o hechos.

Apelo a la memoria de los lectores para que rebusquen en su chistera esos hechos o datos. Yo me voy a limitar a encender el foco sobre las palabras de Neil Amstrong que los Crimson citan al final de la canción. Fueron pronunciadas por el astronauta al poner el pie en la Luna, el 21 de julio de 1969. Un día después, las Cortes de Franco nombran sucesor a Juan Carlos Alfonso Víctor María de Borbón y Borbón-Dos Sicilias. Unos meses antes, Enrique Ruano caía de un séptimo piso ayudado por el celo de miembros de la Brigada Político Social. La caída de Ruano no fue tan cómoda como pisar un satélite o apoyar, pese al peso de tanto nombre, las rodillas sobre un cojín para jurar “fidelidad a los Principios del Movimiento Nacional”.

20 de septiembre de 2012

De Topo a Villamediana


Como cada día, compro el periódico, aun sabiendo que nada nuevo encontraré. Otra estúpida guerra. Un alcalde que dimite... La cursiva que antecede es el comienzo de “El periódico” de Topo. Calentita la sacrosanta Constitución, reformable solo a conveniencia de quien manda, empezaba a correr el año 1979 cuando el grupo madrileño publicó el disco, el primero, que contiene la canción.

Hoy, como quien dice, no es el alcalde, sino la Presidenta quien dimite entre mamandurrias que aseguran de manera eficiente que no le hacía falta marcharse, si de preocuparse de la familia se trata. Abandona,  para jugar al golf como quien juega al paddle, la antigua Casa de Correos, la Casa de las Torturas, por donde campó el celo represor de Billy el Niño y Roberto Conesa, por donde ya campa, si no le quita el asiento la llorona de Rímini, Ignacio González. 

El delfín capeará, aparte del temporal y algún que otro tupper, por ejemplo, lo que puede llamarse el casinazo y la extensión del bilingüismo basura, del que tan satisfecha dice sentirse la señora Aguirre. En ambos casos, bilingüismo y casinazo, planea, y hasta supura, ese trapicheo con leyes que dimanan de la Carta Magna tan necesario para que eso que llaman liberalismo ofrezca sus más floridas virtudes. Con todo, no hay inconveniente para que las flores se adornen, si no con gomina o laca, con escapulario o rosario. Son cosas que justifica y arropa, dicen, la mayoría absoluta

Una mujer maltratada por su marido. Un chiste agudo sobre el Gobierno que nada va a solucionar... Sigo escuchando a los Topo. Como criado entre versos, me vienen a la memoria otros. La Real Casa de Correos se levantó sobre el solar que ocupaban unos edificios adyacentes a San Felipe el Real. Aquí, en el mentidero, es posible que se oyesen estos octosílabos del Correo Mayor de Felipe III, Juan de Tassis, quien fue asesinado no muy lejos, en 1622:

La procesión se comienza
De privados alevosos,
De ministros codiciosos
Y hombres de poca conciencia.
No hay sino prestar paciencia:
Todo falsario y ladrón
A destierro y privación.

El Conde de Villamediana deseaba ver desfilar a gentes de Felipe III. El Conde de Villamediana no se atrevió, quizá, a pedir la cabeza del Piadoso, no solo porque ya había muerto, sino porque esperaba que el heredero llevara a cabo la purga o la depuración, como ustedes, amables lectores, prefieran. 

Por el camino que llevamos, no parece que, con otro Felipe, tal vez entre manifestación, palos y carreras, los mentideros de los medios digan algo más que “obedecer y chitón”.


18 de enero de 2011

La España de los simios


Frente Democrático de Izquierdas. Fiesta de la Unidad. Madrid, 29 de mayo de 1977


Recuerdo que, muerto ya el dictador, pero no la rabia, en fechas cercanas a las elecciones de 1977, se podía ver en algunos escenarios de Madrid a un tipo simpático, guitarra en ristre, al que apodaban "El Gorila". El apodo le venía, si no recuerdo mal, de uno de los números fuertes que formaban parte de su repertorio: “La danza de los orangutanes”, del conjunto, así se solía decir también entonces, Desde Santurce a Bilbao Blues Band.

Si la memoria no me falla, la última vez que disfruté de las habilidades de "El Gorila" fue en una fiesta del Frente Democrático de Izquierdas. Recuerden, a su vez, los mayores y sepan, por su parte, los no tan mayores, que en 1977, mientras que los valedores, muñidores, turiferarios, corifeos y sátrapas del aparentemente extinto Movimiento campaban a sus anchas (díganlo, si no, los abogados de Atocha, por poner un ejemplo), algunos partidos a la izquierda del PCE no estaban aún legalizados y tuvieron que optar, por tanto, entre el pacto con otras formaciones de izquierda de las comunidades autónomas llamadas “históricas” o crear, para el conjunto del estado español, coaliciones con agrupaciones menores que, en el fondo, fueron el germen, la inspiración o el precedente de Izquierda Unida. Fue el caso del Partido del Trabajo de España y el FDI.

Como no está en mi intención perpetrar un “¿Qué pasó con...?” (igual más de uno o de una, si lo leyera, se sonrojaba, incluido el que firma, o se reía a lo Josep Piqué desde su sillón de Vueling o desde el que le espera, con los brazos abiertos, nunca mejor dicho, en Gas Natural), sino airear, por lo menos, mi educación sentimental, vuelvo a la canción de marras.

“La danza de los orangutanes” era el cuarto corte de Vidas Ejemplares, disco publicado en 1973 por la banda mencionada arriba. Al frente del grupo, mutación de Las Madres del Cordero y heredero, por tanto, del espíritu sarcástico del espectáculo Castañuela 70, figuraba Moncho Alpuente. La letra de “La danza..”, que firmaron Alpuente y Jorge Krahe, decía o dice así:

Antropoides con corbata
y otros con el pecho lleno
de cacharros de hojalata.

Antropoides humanoides
con tendencias esquizoides,
grandes monos con cartera,
gorilas con cartuchera.
¡Pobre Darwin, si viviera!
¡No vive! ¡No vive! ¡No vive!...

Tecnócratas platirrinos,
grandes monos asesinos,
chimpancés consumidores
y mandriles entre flores.

Ahora es un mono gibón
quien preside la reunión,
y promete... -¿Qué promete?-
...aumentar los cacahuetes.

Maniii

Veinte monos con diarrea
reunidos en asamblea,
discutiendo con desgana
el déficit de banana.

Monos que dirigen cine
o fabrican calcetines.
Chimpancés aficionados
al estudio de mercados.

Orangutanes cantantes
de ritmos elucubrantes
y monas de exportación
que van a la Eurovisión.

Cuadrumanos que, a su vez,
hacen todo con los pies,
mientras que el mono desnudo
sufre la ley del embudo.

La humanidad oprimida
por mil simios homicidas,
y Tarzán que no hace nada
por evitar sus monadas.

Nada, nada, nada, nada...


Llevado, quizá, por una afición excesiva o desmedida a la alegoría, iba a decir algo así: “Parece mentira que esto se escribiese hace más de treinta años”. E iba, quizá para reírme un poco de los creacionistas o, si lo prefieren, llevado por una inclinación, no menos exagerada o desproporcionada que la otra, a los juegos de palabras, a barajar “evolución”, “involución”, “revolución”, “regresión” y otras semejantes. Pero, como no quiero abusar de la paciencia de ustedes, lo dejo aquí, en la esperanza de que decidan, por su cuenta y riesgo, dedicar un rato de regocijada meditación al asunto. Se recomienda, para ello, desconectar el televisor.



Nota: La imagen de cabecera procede de la galería de la página www.pte-jgre.com (Asociación por la Memoria Histórica del PTE y la JGRE). Está publicada con una licencia Creative Commons.


30 de diciembre de 2010

Chicho Sánchez Ferlosio: "Malditas elecciones"

Hoy cedemos la palabra a Chicho Sánchez Ferlosio. Aunque "Malditas elecciones" vio la luz en 1999, como parte de Buenaventura Durruti, anarquista, el documental que Els Joglars dedicaron al revolucionario leonés, nos ha parecido bien desempolvarla, pues visto lo que hay y previsto lo que se avecina, no deja de tener actualidad.



Malditas elecciones

Que el mundo va a cambiar,
nos dicen.
Que cuando votemos
nos escucharán.
Si en cambio no votáis,
nos dicen,
los del otro lado
nos aplastarán
y así se quedarán,
nos dicen,
con las manos libres
para hacer su plan.

Malditas elecciones,
decimos,
si la voz rebelde
se domesticó.
Malditas elecciones,
decimos,
quieren el gobierno
y nosotros no...

Menudos demagogos,
con sus perros de presa,
jugando como siempre
al palo y la promesa.

Malditos socialistas,
vendidos al patrón,
jugando con nosotros
al gato y el ratón.

Nos habéis traicionado
sin ninguna vergüenza,
nos habéis desterrado
y matado también...

Habrá que echar la cuenta
de tantas injusticias,
la cuenta de la sangre
y de la libertad.

La cuenta de la sangre
y de la libertad...

1 de diciembre de 2010

Malditos seáis

Maldito seas, Madrid,
tu corte y tu parlamento.
Malditas sean tus leyes
y los que las hayan hecho.

... Se oye cantar a Chicho Sánchez Ferlosio al comienzo del documental que el Foro por la Memoria de Ávila dedica a la exhumación de la fosa de Navarredonda de Gredos. La Memoria, esa cuenta pendiente o patata caliente que tanto escalda, es un decir, pues hace tiempo que mira a otra parte, al gobierno de Rodríguez Zapatero.

Hay muertes más o menos fulminantes, como las producidas por fusilamiento, con ayuda o no del tiro de gracia. Las de los vecinos de Martínez, San Miguel de Serrezuela y otros pueblos de la misma comarca quedan lejos para ojos que miran a otro lado. Mas otras, como la de José Couso, salpican de cerca en la danza macabra que bailan los poderes hasta negar y anegar, también con sangre, las raíces de la democracia. Los párpados se cierran ahora sobre los ojos que no miran y que sólo ven con anteojeras la raya estupefaciente del camino que les han marcado.

Hay muertes más o menos lentas que pueden llegar tras la lenta tortura (no, por favor: aquí no se tortura ni se ha torturado ni, tampoco, en El Aaiún) que ahora se acelera: reforma laboral, picana, bajada de salarios, periquera, congelación de pensiones, silla, parrilla, 420 euros, campana, rebajas de impuestos a empresas, submarino seco, submarino mojado, te vendo un submarino, te vendo un aeropuerto con los ojos vendados y los oídos taponados salvo para la voz del amo... Muerte del Estado del bienestar que nunca acabó de estar y muerte de la democracia. Hay quien lo vaticina.

¿En qué fosa, malditos, vais a echar esta vez los cadáveres?

10 de diciembre de 2009

10 de diciembre. I was dreaming in my dreaming...

Estaba soñando, soñando que el Día Internacional de los Derechos Humanos no se acababa. Iluso de mí... La noche cierra y necesito un poco de fuerza para que el sueño no rinda las suyas al hastío, para no volcar en esta página otro vómito.

Recuerdo ahora a un muchacho que sólo Dios sabe, si es que existe, cuánto sufrió por ser diferente. Ahora es un hombre joven a quien he visto trabajar ayudando a otros. Recuerdo que nos dejábamos discos. Yo le prestaba, por ejemplo, cosas de comienzos de los ochenta: Echo and The Bunnymen, Killing Joke... Él, a cambio, me acercaba a los noventa con L7, Placebo o Hole. Hablando de la fascinación que le causaba Courtney Love, me preguntó si tenía algo de Patti Smith. Por aquel entonces, esta señora acababa de publicar Gone Again. El compacto, recién estrenado, y una caja que contiene los discos anteriores pasaron meses en poder de Guillermo. “Me he meado de gusto”, me dijo cuando me los devolvió.

En la caja de Patti Smith está Dream of Life. En Dream of Life hay una canción titulada “People Have the Power”. Es lo que me piden ahora las neuronas. Poco me importa que Smith apoyase a Obama en las elecciones del año pasado, aunque sería interesante saber qué opina ahora.

LA GENTE TIENE EL PODER

Estaba soñando, soñando
Con algo luminoso y justo.
El sueño se rompió,
Pero algo de él permaneció
En forma de valles brillantes
Donde se percibía el aire puro,
Y mis sentidos revivieron.
Me desperté gritando
Que la gente tiene el poder
Para redimir la obra de los necios.
Llueven gracias sobre los mansos:
Se ha decretado que la gente manda.

La gente tiene el poder...

Los aires de venganza cayeron bajo sospecha
Bajando la cabeza como si oyeran.
Los ejércitos dejaron de avanzar
Porque la gente estaba atenta.
Los pastores y los soldados
Yacían bajo las estrellas
Compartiendo visiones
Y dejando que las armas
Se convirtieran en polvo
Bajo la forma de valles brillantes.
Con mis sentidos renacidos
Me desperté gritando:

La gente tiene el poder...

Donde había desiertos
Vi fuentes
Cuyas aguas parecían crema.
Paseamos juntos por allí
Sin ridiculizar ni criticar.
Y el leopardo
Y el cordero
Yacían juntos abrazados.
Estaba esperando, esperando
Recordar lo que he descubierto.
Estaba soñando, soñando,
Dios lo sabe, una visión más pura.
Como me entrego al soñar,
Te confío mi sueño.

La gente tiene el poder...

...El poder de soñar, de decidir,
De combatir el mundo de los necios.
Se ha decretado que la gente manda.
Se ha decretado que la gente manda.
Escucha:
Creo que todo lo que soñamos
Puede suceder si nos unimos.
Podemos cambiar el mundo,
Podemos revolucionar la Tierra.
Tenemos el poder,
La gente tiene el poder.



Disculpen los lectores la traducción chapucera. Disculpen, asimismo, que no les atienda como merecen.


21 de noviembre de 2009

Danza macabra en el Valle de los Caídos



Ayer, unos centenares de atorrantes acudieron al Valle de los Caídos para recordar a Francisco Franco y a José Antonio. Como el “Cara al sol” que cantaron unos cuantos se lo llevó el aire serrano de Cuelgamuros, parece que la fiesta ha continuado hoy al mediodía. A ver si ocurre otro tanto esta tarde en los Jerónimos, donde sí tendrán cabida, como en abril, el aguilucho y demás parafernalia, ahora que se pretende maquillar el Valle y hacer que los huesos robados de los republicanos allí enterrados sigan bailando una danza macabra con los de los vencedores, los del Fundador y los del Generalísimo, al compás de la música de la paupérrima Ley de la Memoria Histórica.

Como no nos va esta clase de baile, preferimos danzar al son de una canción que Loquillo y los Trogloditas grabaron en Morir en primavera (1988), el mejor disco, para muchos, de la época de Sabino Méndez.

LA GUERRA CIVIL

Los hombres fueron a luchar
con un par de armas nada más.
Cuántos poetas,
cuántos murieron allí.

Luego fue difícil el vivir,
aquel rostro no era para ti.
A orillas del Ebro;
Luego, el exilio o morir.

Juega a la petanca años después
en el viejo Clot barcelonés.
Cuántos amigos
va a ver desaparecer.

Mi país,
como una espina clavado.
Devolvedles el honor
a quienes se lo habéis robado.



18 de noviembre de 2009

Algo más que huesos

Antes del 20 de noviembre (y durante y después), ustedes ya saben por qué, conviene recordar que los huesos no son sólo huesos.




HUESOS

Podrían ser, a simple vista, sólo huesos,
desvencijados huesos
enterrados al borde del camino.
Abandonados huesos, no acariciados huesos
de un dolor no amortajado.

Pero no son, a simple vista, sólo huesos,
desvencijados huesos.
En el calcio del hueso hay una historia:
desesperada historia, desmadejada historia
de terror premeditado.

Y habrá que contar,
desenterrar, emparejar,
sacar el hueso al aire puro de vivir.
Pendiente abrazo,
despedida, beso, flor,
en el lugar preciso de la cicatriz.

Podrían ser, a simple vista, sólo huesos,
amoratados huesos,
olvidados, sin fecha, en el camino.
Abaratados huesos, invertebrados huesos
de un adiós no reclamado.

Pero no son, a simple vista, sólo huesos,
amoratados huesos.
En el calcio del hueso hay una historia:
acaudillada historia, desmemoriada historia;
el horror no solventado.

Y habrá que contar,
desenterrar, emparejar,
sacar el hueso al aire puro de vivir.
Pendiente abrazo,
despedida, beso, flor,
en el lugar preciso de la cicatriz.

5 de noviembre de 2009

La ley de las tinieblas

Fuera del llamado rock radical o del punk no es frecuente encontrar canciones con letras comprometidas. Hoy tenemos el placer de compartir con ustedes “La ley de las tinieblas” de Anónimos, grupo de efímera trayectoria liderado por Germán Coppini.

Si ustedes hacen memoria, recordarán, quizá al Coppini de Golpes Bajos. Si apuran un poco más, quizá caigan en la cuenta de que Coppini estuvo en la primera formación de Siniestro Total cantando “Me pica un huevo” o “Ayatollah”, por ejemplo.

No queremos ser menos. De manera que dedicamos “La ley de las tinieblas”, muy bien escrita, por cierto, a los ayatolás iraníes. Ustedes, cómplices lectores, ya saben por qué.


¿Qué beben los asesinos
Tras sus atroces tareas
Y qué pensarán, proscritos,
De la ley de las tinieblas?
A través del caos, infames,
En sueños se regodean
Y a golpe de ojo encantado
Te conducen a la hoguera.

Soy, soy ciego y quiero oír.

No les llegarán ni ecos
De los cantos de la vida,
Porque orientarán su magia
A nostalgias asesinas.
No leen, ni piensan, ni sienten,
Ni padecen las consignas
De los oscuros misterios
De una lujuria infinita.

Soy, soy ciego y quiero oír.

Formidables atorrantes
En las aguas de la magia,
A través del caos, infames,
Se regodean en la nada.
Tinieblas y ley pregonan
Con una cierta desgana.
Sus horribles bocas mugen
Al final de sus espaldas.

Soy, soy ciego y quiero oír.


10 de agosto de 2009

Aguaviva: "La canción del niño que quería ir a la Luna"


Corría el año 1972, cuando el grupo Aguaviva publicó La Casa de San Jamás. La Casa de San Jamás estaba en un país “en el que el cuento se hacía historia, la conversación, poesía y la leyenda, ley”. En “La canción de la que no quiere mentir” se oía a Gloria Fuertes recitar:

Sé que a veces mentimos
Para no hacer un muerto,
Para no hacer un hijo
O evitar una guerra.

Quizá fue un tiempo en el que no sobraba decir verdades como puños; pero podía costar la vida o la cárcel. Tal vez por eso se hablaba de imposibles y se enmascaraban con alegorías o símbolos la esperanza y los deseos de una vida más plena.

Tal vez por eso, unos años después de que el hombre la pisara, los Aguaviva imaginaron “La canción del niño que quería ir a la Luna”:

Quiero plantar un árbol en la Luna, madre,
Porque la hermosa Luna es sorda y fría.
Quiero tejer un nido de gorriones, madre,
En la Luna que es gris y que no alienta.
Quiero estrechar la mano al selenita, madre,
Aunque sea de piedra y de silencio.
Quiero apoyar con fuerza mis labios en la Luna, madre,
Como si fuera un tibio cutis de muchacha.

Quiero plantar un árbol en la Luna, madre.
Quiero tejer un nido de gorriones, madre.
Quiero estrechar la mano al selenita, madre.
Quiero apoyar mis labios en la Luna, madre.

Quiero que, cuando lleguen
Los sabios hombres a la Luna, madre,
Aprendan de una vez
Lo que es un árbol, un gorrión,
La mano de un amigo
Y un rostro al que se ama,
Porque los sabios hombres, madre,
Casi lo han olvidado.

Quiero plantar un árbol en la Luna, madre.
Quiero tejer un nido de gorriones, madre.
Quiero estrechar la mano al selenita, madre.
Quiero apoyar mis labios en la Luna, madre.





Un árbol, un gorrión, la mano de un amigo y un rostro al que se ama... No se les olvidará a los pajaritos de este árbol cuando, dentro de unos días, se vayan otra vez de viaje.


1 de junio de 2009

Rock español y antiamericanismo


Pensando en nuestro anterior trabajo, hemos recordado que algo de revuelo se armó hace un par de meses en la caverna (no el pub en que tocaron los Beatles, claro) por un vídeo que publicó El País, en el cual puede verse y escucharse cómo Juan Fernando López Aguilar acompaña a la guitarra a Miguel Ríos en una versión de “Johnny B. Goode”, el clásico de Chuck Berry. Al granadino le dio por cambiar el estribillo con algo que a los cavernícolas les ha parecido un insulto: “Yankee go home!”.

Quizá pueda entenderse como desliz en el cabeza de lista para las elecciones europeas, como lo fue, sin duda, aquello de “OTAN, de entrada no”. Luego fue que sí en el referéndum de 1986. Después, las intervenciones militares se convirtieron en misiones de paz y, más tarde, en misiones humanitarias. Sin embargo, en el caso de Miguel Ríos la cosa no viene de ahora. Lean, si no, la siguiente letra, en la que la creación de Shuster y Siegel se convierte en símbolo del militarismo americano. Pertenece a la canción “Buenos días, Superman”, que forma parte de La huerta atómica, el álbum conceptual que Ríos publicó en 1976:


Buenos días, Superman,
nos deslumbra tu antifaz;
con tu chorro a propulsión
preparando una invasion
por salvar la libertad.

¡Aleluya, Superman!,
los cubanos de verdad
te levantan un altar,
te regalan un cochino
de tamaño natural.

Vengo volando
de Portugal.
Misiones traigo
que no las puedo ni contar.
¡La que se va a armar!

Honorable Superman,
hoy te condecorarán,
os pondrán un pedestal
por salvar al capital
y ser guarda de la paz.

Abnegado Superman,
cómo habremos de pagar
el insomnio que te da
el salvar de la miseria
este mundo occidental.

Estimado Superman,
te regalaré un disfraz
para que puedas matar
la paloma de la paz
y culpar a los demás.


No hay que remontarse, aunque no viene mal, a Bienvenido, Míster Marshall para encontrarse con letras en las que el gracejo español socava los beneficios inmarcesibles de la solidaridad norteamericana. No hace falta acudir, tampoco, a fechas más recientes para comprobar que el rock español no ha visto con muy buenos ojos a los yankees. Bastaría con hacer un poco de memoria para quedarnos en la década de los 70, aunque, para ello, haya que ir al final de la misma. En 1979 se publican el único LP de Cucharada, que ya ha sido mencionado en este blog, y el primero de Topo. En El limpiabotas que quería ser torero se contiene “Made in U.S.A.”, cuya letra firmaron Moncho Alpuente e Hilario Camacho:


Yo quisiera ser
Americano como Henry Ford.
Yo quisiera ser
Buffalo Bill o Marilyn Monroe.
Yo quiera ser
Americano como Superman.
Y hacerme comandante
De la OTAN.

No puedo perdonar a mis papás
No haber nacido allí.
Papá frustró mi vocación
Naciendo en Badajoz
En vez de Minnessota o Torrejón.

Habría comenzado
Vendiendo los diarios,
Vendiendo Coca-Cola
O bombón helado,
Para llegar a ser
Todo un hombre de bien
Como Jimmy Carter.

Yo quisiera ser
Americano como John Wayne.
Yo quisiera ser
Rockefeller o la CIA.
Yo quisiera ser
Americano como el Ku Klux Klan.
Oh mami, made in USA quiero ser.

Las bases sentaría
De una nueva amistad,
Condiciones pondría
Para lograr la paz
En países hermanos
Sin desarrollar.

Mi sueño veré pronto
Al fin realizado.
Si sale de mi mano,
Seré un americano.
Si la cosa sigue así
Todos seremos, al fin,
Al fin americanos.


El primer disco de Topo incluye otra irónica canción (ironía y sarcasmo parecen el tono apropiado para tratar el asunto, según se ve) titulada “Abélica”, porque “caínica”, por ejemplo, no hubiera dado el mismo juego:


Los abelicanos se han comprado
Un canal en Panamá.
Han liberado a medio mundo
Que no se quería liberar.

Los abelicanos ponen bombas
Al servicio de la libertad.
Sus antepasados, exterminados
Por el bien de la comunidad.

Abélica, Abélica, Abélica, Abélica...
Abélica imperial, Abélica espacial,
Abélica dubidú.
Abélica napalm, Abélica Tarzán,
Abélica dubidú.

Abélica, eres de chicle y napalm.

Los abelicanos nos regalan
Bolas de colores;
Pero, a cambio, han instalado
Una base de radar
De seguimiento espacial.


Lo cortés no quita lo valiente, mas, para quien pueda resultar paradójico y hasta hipócrita que se critique a los Estados Unidos utilizando un medio, el rock, que nació allí, nada mejor que poner fin a este recorrido con “Leche en polvo”, canción de los Coz que apareció en 1980, en el primer sencillo del grupo:


Leche en polvo americana,
teta de mi rock & roll,
leche que también es leche
y es la que he mamado yo.

Leche en superbombarderos
en plan de colonización,
un tiro por la culata
que les reventó el cañón.

Trabajo para una multinacional
como cualquier inglés.
Supositorios de "American way of life"
te ponen a ti también.

Zappa no es la Coca-Cola,
ni yo la Virgen del Pilar,
a ver si va a importar ahora
dónde haya nacido Marx.

Me acusan de hacer el juego
al imperio anglosajón;
yo sólo hago un canto nuevo,
fruto de la rebelión.



Relacionadas:

9 de mayo de 2009

Peligrosidad social


Uno pensaría que los cimientos, o las rémoras, de la Iglesia se remueven o tiemblan ante noticias como las que se pueden leer hoy en algunos medios; pero no caerá esa breva. Así, por ejemplo, Público nos sorprende con el auto que don Antonio Seoane, titular del Juzgado de lo Social número 34 de Madrid, ha elevado al Tribunal Constitucional en el que discute la legalidad de los acuerdos Iglesia- Estado de 1979. Por su parte, Lola Galán se hace eco en El País de la indemnización que el Gobierno acaba de otorgar a Antonio Ruiz para resarcirle de la prisión que sufrió por ser homosexual.

A Antonio Ruiz, como a tantos otros, se le aplicó la Ley de Peligrosidad y Rehabilitación Social de 1970. Esta ley metía en el mismo saco que ocupaban proxenetas, traficantes y portadores de armas, a homosexuales, prostitutas, toxicómanos y mendigos.

Hace unos días, al jefe le dio por revisar o recordar la aportación del rock español a la lucha por la libertad. Desde mi punto de vista, la imagen no se completa sin hacer referencia a lo que el rock o el pop de aquella época hicieron a favor de los derechos de algunos colectivos excluidos o perseguidos. Y en esto, salvo que se me demuestre lo contrario, el rock fue pionero.



En 1974 salía a la venta Señora Azul de Cánovas, Rodrigo, Adolfo y Guzmán. El disco contenía “María y Amaranta”, una canción, con letra de Rodrigo, bastante atrevida por la sensibilidad y el lirismo con los que habla de una relación lésbica:

Sobre el cristal, despacio, con deleite,
temblando de un placer desconocido,

llenas de vida, hermosas y brillantes,
se juntaron dos gotas de rocío.


Y dos estrellas aún más lentamente

tomándose en los brazos de sus rayos,
se aproximaron en el firmamento

y en una sola estrella se integraron.


Ojos azules, oro en sus cabellos, María:

la piel del sol tostada levemente,
maneras dulces y carácter suave,

delgada, esbelta, casi adolescente,

andares sueltos y mirada grave;

de pelo y ojos como el azabache, Amaranta:

de formas mórbidas, redondeadas,

la piel del blanco y rosa de una flor;

naturaleza tan apasionada,
que arde en el fuego de su mucho amor.

Sacerdotisas de algún paraíso
que no alcanzamos todos los mortales

se sumergieron en una liturgia

de mil caricias casi celestiales;


y en la fascinación irresistible

que las atrajo desde que se vieron
como dos gotas, como dos estrellas,
María y Amaranta se fundieron.




Tuve la suerte de asistir, en 1977, a la presentación de Elixir, el primer disco de Azahar, en el desaparecido cine Florida. Los de Azahar nunca ocultaron su afición al cannabis y esto explica, en parte, esa especie de manifiesto que se escucha en “¿Qué malo hay, señor juez?”:

Tenía yo dos amigos,
fumaban humo de reír

pa cuando estén mu caídos
les volvieran las ganas de vivir.
Un día me los ligaron
por fumar el regalito de dios,

al que resistió lo mataron
y al otro el juez lo condenó.

¿Pero qué malo hay

en fumar, señor juez?
Vi a un hombre que, estando borracho,

hacía abuso de su autoridad,

y un vecino que en su borrachera

a su señora la mató de una puñalá.
Y unos chicos, que estaban fumando

a pocas manzanas de allí,
a ellos me los encarcelaron

y al vecino le tocó salir.

¿Pero que malo hay
en fumar, señor juez?

Yo sé que llegará el día

en que el hombre pueda hacer

lo que le venga en gana
sin pedir permiso a usté.
Tampoco está muy lejos

el día que vea usted su error

y a esos pobres los suelte
sin que reine el terror.




Pero, sin duda, la estrella de este breve recorrido es “Social peligrosidad” de Cucharada. La canción, que salía en un sencillo publicado en junio de 1978, pasó a formar parte de El limpiabotas que quería ser torero (1979). Transcribo el estribillo sólo una vez:

Mari "la Friki" es una tía legal,
pero el desempleo la obligó a putear.

Un día la ley la mandó enchironar

diciendo que era un peligro social.

¿Quién es el culpable,

quién el inocente:
el justo millonario
o el pobre necesario?


El Hippy se lo hizo de pasar el maná
y nunca estafaba al que quisiera comprar.

Un día la ley le mandó enchironar

diciendo que era un peligro social.


Pablo "el Trapero" es un homosexual,

le gustan los tíos como a ti la libertad.

Un día la ley le mandó enchironar

diciendo que era un peligro social.


4 de mayo de 2009

El rock también dijo no


Si volvemos la vista atrás y pensamos en la aportación de la canción a la lucha antifranquista y por la libertad, seguramente nos vengan a la cabeza, dejando aparte las versiones cantadas de poetas conocidos, algunas de cantautores, como "L’Estaca" de Llach, “Al vent” o “Ahir. Diguem no” de Raimon, “A cántaros” de Pablo Guerrero o “Al alba” de Aute.

Si difícil fue el camino para los citados y otros que se desenvolvían en un ámbito cercano al folk, también lo fue para quienes eligieron la senda del rock de manera más o menos decidida, ya que fuera de canciones miméticas y de versiones de éxitos internacionales, resultaba complicado hacer llegar al público algo más que ingenuas proclamas ecologistas y letras de amor herido o de chico busca chica. Añádase a esto el aura de marginalidad en que los grupos de rock tenían que desenvolverse, pues tocar, por ejemplo, en el Palau de la Música de Barcelona, como hicieron Lone Star en 1972, no era moneda corriente. Más significativo, a este respecto, fue el recibimiento que algunos medios de comunicación dedicaron a las “Primeras 15 horas de música pop. Ciudad de Burgos 1975”, uno de los primeros festivales de esta clase celebrado en España, concretamente el 5 de julio en la plaza de toros de Burgos: “La invasión de la cochambre” fue el titular de El Norte de Castilla.

Entre 1974 y 1977, los rockeros españoles hubieran necesitado mucha marihuana y mucho LSD para no darse cuenta de la que estaba cayendo: “Manifestación, palos y carreras”, cantaron los Topo en 1978. Pero hubo algo más que permite entender mejor, aparte de lo dicho, la timidez con que el rock en castellano abordaba la denuncia, más allá de actitudes y vestimentas. Los coletazos de la dictadura, pese a la incipiente apertura, son sangrientos. De las últimas ejecuciones del franquismo, Heinz Chez y Puig Antich en 1974, y los de tres militantes del FRAP y dos de ETA en 1975, pasando por la oleada de huelgas que da comienzo a 1976 y que culmina con los llamados “sucesos de Vitoria” del 3 de marzo, cuando la policía desaloja violentamente a los obreros encerrados en una iglesia y dispara contra ellos, cinco de los cuales mueren, a los “sucesos de Montejurra” del 9 de mayo, que se saldan con dos muertos y varios heridos, y otras acciones de los grupos paramilitares o parapoliciales creados tras la muerte del dictador al amparo, como confesó el general José Antonio Sáenz de Santa María, de agentes del SECED (el servicio secreto creado por Carrero Blanco en 1972), a los que se debe, entre otras, la muerte de cinco abogados laboralistas en enero de 1977 (en la llamada “matanza de Atocha”, reivindicada por la Alianza Apostólica Anticomunista), es fácil deducir que la situación no era tampoco la más adecuada para hacer rock o pop comprometido. Los que se atrevieron debieron sortear a la censura como hicieron los cantautores. Veamos un poco cómo fue.

En 1974 se publica Memorias de un ser humano de Miguel Ríos. El granadino acude a la alegoría o, mejor, a trasladar la crítica a otros tiempos en “El juglar”; pero resulta un poco más explícito en las irónicas palabras que pone en boca de Lucifer en “La mina” (transcribo sólo al comienzo el estribillo):

La mina está un tanto dura de trabajar.
La vida está un tanto dura de soportar.

No quiso mi mal sino
Que pudiera escapar
De la bendición
De tener que currelar.
Pocos son los benditos
Que pueden respirar,
Que tienen poder y fuerza,
Mandan en los demás.

Si ves a Lucifer, hermano,
Siéntate a conversar.
Pregúntale si es esto
Distinto de lo de allá,
Y puede que te sorprenda
Diciendo que jamás
Ha visto tantas miserias
Ni tanta desigualdad.

Dos años después, Miguel Ríos grabó un sencillo que contenía “El 5 a las cinco”, haciéndose eco del primer homenaje que se tributó a Lorca en España. La canción, que fue censurada, aparecería después en Al-Andalus (1977):

El 5 a las cinco,
Mi querido hermano,
Granada te espera.
El 5 a las cinco,
Vamos a tratar de revivir.

En cuarenta años no pudimos
Gritar la verdad:
Federico vive,
Un poema no se puede amordazar.

La ciudad y sus calles
Sin ningún retrato lo proclaman.
Y en Fuente Vaqueros
El pueblo le quiere hacer justicia.
Se respira, se masca en el ambiente
Otra forma de entender su muerte:
Le mataron por cantar la libertad.

El 5 a las cinco,
A las cinco en punto de la tarde,
Ven por Federico,
Pero más aún por ti y por mí.

Lo mataron por cantar la libertad.

En 1975, el mismo año en que Labordeta publica “Canto a la libertad” y Aute escribe “Al alba”, ven la luz los primeros discos de Granada e Iceberg, titulados Hablo de una tierra y Tutankhamon, respectivamente. El tema que da título al primero incluye, y esconde, en medio de un desarrollo sinfónico en el que suena la guitarra de Manolo Sanlúcar los siguientes pareados cantados, es un decir, por Carlos Tena:

Pienso en una guerra,
Hablo de una tierra.

Siento algún amigo,
Lloro su destino.

Granada publican su segundo disco, España, año 75, en 1976. En él ya sobran las palabras, pues es un disco instrumental. Hablan los títulos de algunas composiciones: “Septiembre”, “Noviembre florido”, “Ahora vamos a ver qué pasa”. Y habla la portada de Máximo Moreno:




Alusiones. El grupo de virtuosos catalanes que acompañaron a Tony Ronald preferirá escoger la transposición temporal. Esto es, por ejemplo, “Sacerdotes de Amón”:

El egoísmo y la gran ambición
De unos hombres que quieren mandar
Crean un dios absoluto y total
Y tratan de hacer de su culto la ley.

Sangre de esclavos corre en su honor,
Palacios, harenes y prostitución,
Riquezas y lujos a su alrededor,
Se hacen llamar sacerdotes de Amón.

La edición en digi-pack aclara la intención, si es que falta hace: “La suite que habíamos compuesto bajo el título de Tutankhamon –con la temática de la lucha del pueblo oprimido contra la tiranía, con una clara denuncia de lo que pasaba en España durante la dictadura franquista en la que vivíamos.”


Para terminar con este recorrido, en 1975 también sale el único disco de Goma, cuyo título es toda una provocación: 14 de abril. Aunque la canción “Un nuevo abril sin sal” sea una mezcla de jitanjáfora y lenguaje directo, el juego no deja de tener gracia y apuntar irónicamente al hecho de escribir o hablar con doble sentido o segundas intenciones:

Un nuevo abril sin sal
Ostante y sin calor
Tenencia y perpicaz
Como un cariz balón.

Trapices de carbonsí
Alfrubias de obsesión
Galombrias, pasas y pesas
Represiones de ocasión.

Problemas sin solución
Vendajes en su lugar
Bigotes, calvas y grasas
Resacas del mogollón.


26 de abril de 2009

No pido mucho


No hay muchas historias que contar, ya lo decía Borges, y añadió que la literatura es una casa de citas. Vuelven modas y vuelven modos, buenos y malos. Lo mismo vale para el hombre: su historia se repite como el ajo. La diferencia está en que una minoría vive más y mejor. Aunque esto de los adverbios es, por supuesto, discutible.

Como no tengo ganas de arrojar dardos sobre la condición humana (¿cómo voy a meterme con mis hermanos?), así, en abstracto, divagaré sobre asuntos de cultura, digamos, popular.

Hace no mucho, en una cena, me sorprendí de la sorpresa de una alumna que tarareaba el estribillo de “Lola” de The Kinks. Parece ser que se puso de moda a causa de un anuncio. La sorpresa partió de un comentario que hice acerca de la composición de la pieza. Aunque confieso que equivoqué la fecha, pues “Lola” es de 1970, muchos jóvenes asegurarían, al saber el dato, que es una canción antigua, de las de mi época. Pues muchas gracias. Por entonces yo estaba en el colegio y aún no había cumplido diez años. Faltaría saber cuánto durarán tantas cancioncillas que gustan ahora. Todo tiene su tiempo, claro, por mucho que el tiempo sea igual a sí mismo.

Ya que hablamos de canciones, causa estupor que se califique de novedad el flamenco pop, el rock con raíces o la fusión de la cadencia andaluza, o andaluzoide, que de todo hay, con otras músicas. Esa cosa del mestizaje que, en la piel de toro, se remonta, dicen, a la Edad Media. Pues bien, da hasta pena recordar que, siete años después de la canción de los hermanos Davies, el tío que se ve en la foto caracterizado de criatura del doctor Frankenstein en una de sus colaboraciones en “La bola de cristal”, puso uno de los pilares de esa cosa que mencionábamos, con más gracia y más creatividad de la que observo en epígonos que copan las listas de éxitos. Él, Kiko Veneno, y otra gente que ha sido injustamente olvidada, como Gualberto García.

Debo a este medio charnego, entre otras cosas, conocer la obra de un poeta catalán llamado Miquel Martí i Pol, de quien Kiko tradujo y cantó, allá por el año de 1977, lo siguiente, que es una envidiable fe de vida, además de un formidable retruécano.


NO PIDO MUCHO

No pido mucho:
Poder hablar sin cambiar la voz,
Caminar sin muletas,
Hacer el amor sin que haya que pedir permiso,
Escribir en un papel sin rayas.

O bien, si parece demasiado:
Escribir sin tener que cambiar la voz,
Caminar sin rayas,
Hablar sin que haya que pedir permiso,
Hacer el amor sin muletas.

O bien, si parece demasiado:
Hacer el amor sin que haya que cambiar la voz,
Escribir sin muletas,
Caminar sin que haya que pedir permiso,
Hablar sin rayas.

O bien, si parece demasiado…






Algo suavecito para hoy. O no tanto.

24 de enero de 2009

Arte en la calle: mimos y estatuas


De los mimos callejeros siempre me llega una imagen de desvalimiento y esfuerzo. Quizá vea en ellos la quintaesencia de la emoción que esta arte, la de la pantomima, me produce. Incluso cuando se trata de estatuas más o menos animadas, más o menos bien compuestas o aderezadas. Porque no son, desde hace ya bastantes años, por lo general, verdaderos mimos. No importa: no les falta mérito. Por eso, a veces me detengo a contemplarlos y a depositar mi óbolo en la caja, en el sombrero, en la mano abierta y quieta.

La estatua de los gatitos paraba cerca de la plaza de Callao, en una esquina de Jacometrezo. No recuerdo una estatua peor pintada y más desarmada. Un día lo vi en el autobús. Yo volvía a casa después de una mañana en el Rastro. Lo vi apearse en la parada más próxima al Cerro de la Mica. Iba a unirse a un puñado de zombis que pululaban ciegos de caballo por los desmontes cercanos al poblado.

Mimos propiamente dichos, algunos muy buenos, he visto en el Retiro. Allí, por vez primera, asistí a un regocijante y sobrio espectáculo de Faemino y Cansado, cuando todavía no eran conocidos. Diréis: son humoristas, hombre. Cierto es; pero algunos de sus números se basaban en la gestualidad del primero, transformado en Mimón. Allí, junto al estanque, recorría quioscos y veladores la esbelta figura de un joven enfundado en unas mallas, pintado de payaso, que ejecutaba líricas danzas y recitaba poemas ayudado de un altoparlante.



Pocos artistas de la calle, mimos, estatuas, músicos, salen de su escenario para subir al que merecerían. Hace falta sensibilidad, generosidad y un ánimo de paseante dispuesto a detenerse, a observar, a gozar de la magia que surge de la pobreza de estas situaciones para que unas pocas monedas se conviertan en una carrera. Hace falta asomarse.

En las calles hay prisa, la misma que anida muchas veces en los corazones. Esto es decir poco: en las calles hay sinrazón. Hay vida, sí; y hay muerte.

Hay pocas canciones que hablen de mimos y que me remuevan tanto como esta de Esclarecidos, con cuyo son y letra cierro esta entrada.



PLAZA DE CALLAO

Hay un mimo
Sospechosamente quieto
En la puerta de un cine,
Y un skin
Echa palomitas en una caja
Con siete monedas.
En la pared, Mel Gibson
Parece sonreír.

El mimo deja de ser mimo
Para meterse en la boca
una pistola.
En la pared, Mel Gibson
Parece sonreír.

Y vuelve a ser mimo,
Un mimo que suda.
A los veinte minutos
Suena un disparo.
Y las palomitas
Se convierten en moras.
En la pared, Mel Gibson
Parece sonreír.

El mimo del cine de enfrente
Recoge las siete monedas
En una caja.
En la pared, Mel Gibson
Parece sonreír.