27 de agosto de 2016

Humor gallego



El humor del gallego, capaz de poner nombres tan extravagantes e ingeniosos como “Mi mamá me mima” a un vino, o “Ponte mona de luxe” a una tienda, nos depara, a las puertas de “Ten con ten”, una de las cafeterías de la estación ferroviaria de Ferrol, el mensaje, escrito en una pizarra, que puede leerse en la imagen.

Faltas de ortografía aparte, la sonrisa irónica del primer momento se trueca en rictus de preocupación amarga al considerar que el letrero se dirige a los padres de muchos jóvenes cuya afición al juego de este verano parece lamentarse; padres a los que alguna responsabilidad, por pequeña que sea, puede achacarse en este asunto.

2 de agosto de 2016

Luna de agosto en Galicia

Y a través del espacio y las nubes,
y del agua en los limbos confusos,
y del aire en la azul transparencia.

                            Rosalía de Castro


No sé qué nos dirán esta vez los rumorosos pinos cuando el creciente de la luna de agosto, madre y señora del vino, nos vea hollando con humildad y respeto el hogar de Breogán. No sé si seremos capaces de escuchar el ronco son de manera que no seamos parte de la turba de ignorantes, fieros, duros, imbéciles y oscuros de los que hablan los versos de Eduardo Pondal que se convirtieron en himno de su tierra.

Quizá baste, y con ello nos tengamos que conformar, con ser nosotros mismos y añadir unos pocos recuerdos a los que del primer viaje a Galicia conservamos; agregar, con más o menos orden, unas estampas que seguramente no alcancen a construir una historia ni a dar cuenta cabal de dónde, en qué arenas o piedras, se pararon nuestros pies, por cuál aroma se dejó llevar nuestro olfato y arrastró consigo al gusto, quién hacía sonar esa melodía que nos erizó los pelos, qué paisaje, qué gesto, qué objeto cambió, aunque fuera por un momento, la luz de nuestra mirada. 

No nos esperará la misma lluvia inmisericorde que caía cuando cruzamos el Miño después de haber visitado el castro de Santa Tecla, o la que lamía los hórreos de Combarro. Puede que haga frío en la plaza de la Quintana, aunque no oigamos alabanzas del ribeiro en la voz de Ian MacLeod justo al comienzo de un trepidante concierto de Shooglenifty. Pero podremos bajar al Sar, huyendo quizá de la aglomeración de peregrinos, a ver los arcos inclinados de la colegiata con los ojos que nos han dejado los años. Y, en Pontevedra, buscaremos ese jardín, dónde estaba, en que las rosas velaban el sueño de la estatua de un caballero arrodillado.

Y, si hay sol cuando la luna de agosto alcance su plenitud, será el mismo de entonces, aunque no sepamos qué visiones o memorias acudirán a nuestro conjuro a través del espacio y de las nubes.