8 de marzo de 2017

Teletransportador

Explicándoles a los chicos qué era el hastío para los románticos o los modernistas, he pensado que en el viaje de la vida hay muchos puntos muertos, largas esperas en salas de aeropuertos que deslucen o avinagran la sorpresa de llegar a destino. Entonces, el viaje se convierte en un simple, o no tan simple, desplazamiento por el espacio y todo trayecto, por corto que sea, en una vuelta interminable por algún círculo infernal.

Después de tomar un café, hablo con un compañero de la urgencia de inventar un teletransportador para no permanecer más de lo necesario, entre otras cosas, en el giro abismal de una bofetada extenuante de tedio sin ver la hora de llegar a un refugio. Discutimos acerca de cuál podría ser la primera referencia fílmica al necesario aparato. Nuestra memoria nos arrastra a la infancia: a la serie Star Trek, por supuesto; pero, antes, a La mosca de Kurt Neumann. Oigo los gritos de ayuda del protagonista atrapado en la tela de araña ante el pasmo horrorizado de Vincent Price y Herbert Marshall.

También lo hemos hablado tú y yo en varias ocasiones. Un teletransportador como Dios manda, por favor, que encamine mis cuantos al seguro de tus brazos y tu mirada, a esa página o esa melodía que eriza los pelos, a...

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