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13 de noviembre de 2012

La matanza de los bueyes


En Rescoldo de Grecia, Alfonso Reyes da cuenta de una antigua ceremonia ateniense, la boufonía o matanza de los bueyes, muestra de la ancestral fraternidad que muchos pueblos creían que existía entre el hombre y el ganado de la tribu. En la boufonía, escribe Reyes, se simulaba enjuiciar a quienes habían participado en la matanza. Se acusaban unos a otros hasta que, finalmente, el que había degollado a la res acusaba al cuchillo. El cuchillo, considerado culpable, era finalmente arrojado al mar. 

En relación con este ritual y con la creencia subyacente, el escritor mexicano recuerda un pasaje del tercer canto de la Odisea, en el que se cuenta la llegada de Telémaco a Pilos, guiado por Palas Atenea bajo la apariencia de Méntor. El rey Néstor reconoce a la diosa que acompaña al hijo de Ulises, por lo que decide sacrificarle una novilla no domada cuyos cuernos son cubiertos de oro. Los hijos de Néstor desempeñan diferentes cometidos en la muerte. A Pisístrato, el menor, le corresponde degollar al animal y a Perseo recoger la sangre en un vaso, mientras las hijas, las nueras y Eurídice, la esposa del rey, emiten gritos de duelo.

Hoy, cuando mucho se propende a hablar de sacrificios, los hijos del capital aparentan plañir ante el de los bueyes, en tanto que estos se desangran sobre la tierra, como si fuesen ganado de una tribu bárbara, o sobre copas que se guardan a buen recaudo en altares fementidos. El reo, obviamente, sigue siendo el cuchillo y no quien lo blande.


6 comentarios:

  1. Pues que vayan con cuidado...

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    1. De momento, solo se oyen de lejos los mugidos.

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  2. Qué estupenda simiitud con lo que está ocurriendo en España con el gobierno del PP, eres un genio Juan Carlos...
    Un besazo mi niño TQM

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    1. No solo el del PP, Rosa, no solo el del PP.

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  3. Cierto, muy buena comparación con lo que nos sucede. Quieren hacernos creer que los mercados son el puñal, como si se moviera solo por arte de magia. Mientras tanto, nosotros perdiendo sangre a chorros

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    1. Eso es, Francisco: la imagen más evidente del puñal son los mercados. Ahora le acompaña, de vez en cuando, el dura lex, sed lex.

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