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23 de julio de 2012

Cenizas en domingo

      Ya ves. Seguramente no fuera esta tu idea de entregarle un cadáver joven y hermoso a la muerte, pues el sufrimiento quizá no condiga con la hermosura y la juventud. Te recuerdo viviendo rápido en aquella tarde de cervezas y caipiriñas en la Plaza del 2 de Mayo. Uno o dos días después, acompañado de un amigo venido de Gijón para asistir a un concierto de Rod Stewart, completarías la dieta con dexidrinas. Estos trazos componen, sin embargo, una caricatura que ayuda poco a conocerte o a recordarte. Así que voy a buscar por la casa, en las puertas, en la sala, en la terraza que no tengo, si no las palabras que den un cuerpo más cabal a la memoria, una imagen que ofrezca una mentira plausible. Tarea vana: todo está en esta mente de la que, a veces, empiezo a desconfiar; está también en las emociones o en su huella; y está, por supuesto, en los sentimientos, la memoria y las imágenes de tu hermano, de tu madre, de tu novia.
      Me dicen que es, también, tarea imposible, algo normal entre primos que se veían de tarde en tarde, o de noche en noche; que los asideros del afecto en estos casos son mudables, incluso fantasmales. De este modo, fechas, gestos, palabras, se revuelven en un magma que tiene mucho de imaginario. Pero no quiero hacer demasiada literatura de lo que siento y nombro como afecto.
      Subo, entonces, rodando la maleta por la calle de Urbieta hacia el Bulevar. En el Alderdi me llega la brisa lenitiva de La Concha. Al fondo, hacia la izquierda, luces en el puerto, antes de las parejas de borrachos o de simples nocherniegos que estiran el tiempo de un sábado que ha muerto. Pero tengo que dejar a un lado la literatura. Estoy, por fin, en Alza, tras observar, al paso del autobús, los ominosos aledaños del cuartel de Intxaurrondo. Literatura, de nuevo, aunque sangrienta. La tía Tere me abre la puerta cubriéndose apurada con un camisón. Café, para mí, con azúcar; con stevia, para ella. Mientras charlamos, quizá por no llorar, me muestra unas fotos en las cuales te veo más delgado que la última tarde o noche que recuerdo, cuando hablabas de ilusiones ni perdidas ni encontradas, mientras frotabas las manos hinchadas por el trabajo. Manos de maketo, me atrevería a decir. Hay una perrilla en esas fotos que no me dice otra cosa que alguno de tus afectos. Hay libros en esas fotos. Me dice la alavesa, así la llamaba a veces tu padre, mi tío, que en los últimos meses leías mucho. Literatura al fin. En una puerta de esta mente de la que empiezo a desconfiar, te veo derrochando simpatía y bailando con una chica de no sé qué pueblo, hermosos y jóvenes los dos. Te oigo, horas después, en una de las habitaciones de la casa de los abuelos, antes de despojarte de los vaqueros negros: “Oye, si queréis apago la luz. Es que no uso calzoncillos: me molestan”.
      En Ondarreta luce el sol. Las primas de Valladolid, Dios las bendiga, si es que existe, se descalzan y bajan al mar. En esta casa, en esta mente de la que a veces desconfío, danzan palabras, danzan imágenes. Te oigo decir, no sé ya en qué sala de qué casa: “Esto es auténtico”. Una muletilla que me ha servido para crear un personaje que nunca conociste, aunque fuera, en alguna medida, hechura tuya. Me veo mirando fugazmente a los ojos de Amaia entre los dos besos de rigor, y me digo que es dolorosamente imposible y vano pretender atisbar o leer los rastros de una vida en unos segundos. Me veo, dos días antes, a unos kilómetros de distancia, ajeno a tu sufrimiento, aplaudir el bis del concierto de Pat Metheny en Vitoria. Y veo cerrarse, con un nudo en la garganta, la cortina por delante del horno que convertirá, dicen, tu cuerpo en cenizas. Cenizas en domingo, ya ves, día de descanso. Auténtico.

11 comentarios:

  1. Lamento la pérdida. Creo que le has rendido un bonito homenaje y también, que en esa memoria que en esa mente de la que desconfías seguirá viviendo eternamente.

    Un abrazo.

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    1. Muchas gracias, Juanjo.

      La verdad es que me iba pareciendo un escrito un tanto frío.

      Ahora estoy llorando.

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  2. Lo siento mucho Juan Carlos.
    Mis condolencias para vos y tu familia.

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    1. Gracias, Laura. Ahora no puedo escribir más.

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    2. Te entiendo.
      Un abrazo muy fuerte.

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  3. Lo siento, compañero. Por las letras se ve que lo querías mucho, aunque la memoria no acompañe tanto como te gustaría. Un abrazo.

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    1. Gracias, vecino.

      Estas cosas de las querencias parece que tienen su propio orden o sus propias leyes, que a veces no se entienden racionalmente.

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  4. Recorrer con el dolor a cuestas los caminos, a veces sepultados, de la memoria, y sentarse en los bordes reviviendo instantes y emociones pasadas, me ha resultado tan conmovedor, que las lágrimas no han podido contenerse. Un beso amigo.

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    1. Gracias, Teresa, por hablar de la conmoción, por las lágrimas y, por supuesto, por el beso.

      Se dice comúnmente que así son las cosas, pero no por eso las cosas dejan de golpearte.

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  5. Lammmento tu pérdida Juan Carlos pero seguro que estará super contento con el bellísimo homenaje que le has dedicado con esa mente de la que desconfías...
    estoy contigo smigo TQM,

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