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9 de abril de 2011

De copones y otros adminículos: a vueltas con la JMJ

Puede que a uno lo ciegue su falta de fe. En el pecado, dicen, lleva la penitencia. Mas uno ve, no las cosas de la fe, sino aquellas que se le adhieren: a la fe, digo, no a uno.

El otro día llamaba uno la atención sobre algunas incongruencias y puntos oscuros de la bien engrasada maquinaria de la Jornada Mundial de la Juventud, cuyo presupuesto era calificado por los responsables de austero y con garantía de transparencia.

Si echa uno un vistazo a la página abierta para canalizar las donaciones de particulares, uno no entiende cómo puede conjugarse la presunción de austeridad con la pretensión de dotar al evento de todo tipo de ornamentos y vestiduras litúrgicas “lo mejor que sea posible”.  Se aduce el recuerdo de María de Betania para justificar evangélicamente el boato; pero ni Madrid es la Betania del primer siglo de la era cristiana, ni la ostentación es algo que se defienda tan abierta e hipócritamente en los Evangelios.

De este modo, sin contar la imagen de la Almudena, los corporales, los manteles, las cruces para los altares, el atril para la misa de Cuatro Vientos, el amito, la casulla, el alba y el cíngulo para Ratzinger, las albas y cíngulos de los obispos, las dalmáticas de los diáconos, las estolas para quienes den comunión o confiesen (el Retiro se va a convertir en confesonario público), las custodias, los candelabros, el incensario, el portaincensario, el cáliz y la patena que usará Ratzinger, los copones y los cálices para los concelebrantes, serán de nueva factura y, obviamente, “lo mejor que sea posible”. Será el agosto para fabricantes de ornamentos y vestiduras, por mucho que se asegure que unas y otros vayan a parar después “a iglesias jóvenes y necesitadas” de los cinco continentes. Ya se sabe que no sólo de pan vive el hombre, aunque sea pan lo que circunstancialmente más necesite.

Yago de la Cierva, director de comunicación de la JMJ, aseguraba:  “Aún no hay un presupuesto final, visto que en el mercado estamos encontrando precios más bajos”. Será para los uniformes, el alojamiento y la manutención de los voluntarios, para los cuales las donaciones aún no se han cubierto, a diferencia de los corporales, los manteles de los altares y la imagen de 1,8 metros de la Almudena, aunque no se sabe cuánto han costado.

No todo ha de ser tirando a gris. Los organizadores no prometen que alguien vaya a levitar durante el transcurso del magno fiestorro o macrohostión, pero sí que el impacto ambiental se compensará con la compra de créditos de carbono de cinco proyectos sostenibles. Qué majos son. O qué buenas son las madres ursulinas que nos quieren llevar de excursión.



4 comentarios:

  1. Con este macrohostión, como dices, van a recaudar para todo el año. Y no les pidas que te muestren las cuentas porque esas precisamente, las cuentas, son uno de los secretos de Fátima o de B16.

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  2. Eso me parece, vecino. Y, sí: pedirles cuentas es como pedirle peras a un melonar.

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  3. Ana Isabel García8/7/11 21:57

    RABIA; porque imaginan una institución caduca, muerta, y sin embargo es capaz de congregar un millón de jóvenes de todo el mundo. ENVIDIA, por la capacidad de congregación, de organización... Eso es lo que percibo en vuestros en vuestros comentarios. Vivan y dejen vivir. La Iglesia ayuda a muchísima gente... ¿A cuantos ayudáis vosotros?

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  4. Caramba: me había pasado desapercibido el último comentario. Aunque dudo que su autora (o autor) vuelva a esta minoritaria página, escribiré unas palabras.

    Se equivoca, señora García, en cuanto a mis sentimientos (dejo aparte que haya utilizado mayúsculas, lo que equivale, en internet, a gritar): yo hablaría de una mezcla de asco (esto sí puede traslucirse en el artículo y, quizá, en mi comentario) y de pena. El argumento de la cantidad a mí no me dice nada: más audiencia tuvo el Mundial de fútbol y no por eso me entusiasma este deporte. Si por ayudar a la gente usted se refiere a los más necesitados, supongamos que admito que sea cierto, pero ello no justifica la mercantilización de una, digamos, asamblea que, se supone, tiene una finalidad fundamentalmente espiritual. De esa mercantilización habla el artículo, por si no se dio cuenta.

    Por último, en cuanto a la pregunta que hace al final, no puedo responder por mi amigo y contertulio. Por lo que a mí respecta, entienda que esa pregunta hubiera bastado para eliminar el comentario, así tendría usted razones para hablar de "rabia" y de "envidia". No voy a caer, tampoco, en la bajeza de devolvérsela. Simplemente le digo que usted no me conoce y que no tengo por qué contarle mi vida.

    Ah: disfrute usted de la estancia del ex-nazi Ratzinger todo lo que le apetezca.

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