No es el lugar que buscaba.
Son distintas las arenas,
llenas de podre las algas.
Quién puso aquí una bandera
y trazó, negra, una cruz
que sombrea entre pavesas.
Son distintas las arenas,
llenas de podre las algas.
Quién puso aquí una bandera
y trazó, negra, una cruz
que sombrea entre pavesas.
Quizás fuiste tú al dejar pasear tus pies por esas arenas.
ResponderEliminarLas banderas siempre ondean entre los muertos por ellas
ResponderEliminarCarpe Diem
Sospecho que nunca encontrarás las arenas limpias ni un lugar sin baderas, ni una cruz sin pavesas negras. Simplemente porque no existe, pero deberás seguir buscándolo si quieres poder mirarte al espejo cada mañana.
ResponderEliminarCreo que no queda otra. Como dice Francisco ya no quedan arenas limpias, a nosotros nos toca la labor de limpieza.
ResponderEliminarPues no lo había pensado, Anna. Roñilla hay en todo pie que camina mucho.
ResponderEliminarY entre los vivos, Adolfo, aunque no quieran morir por ellas.
Ahí está, Francisco, Dezaragoza: a vivir la paradoja o la parajoda.
Bueno es seguir y no cejar.
ResponderEliminarHay días que todo se hace cuesta arriba, pero creo que no hemos de perder en ningún caso la esperanza.
Viene al pelo, Froilán, un título de Ángel González: sin esperanza, con convencimiento. No es lo mismo, observarás.
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