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9 de marzo de 2009

Gringo viejo


La última vez que estuve en París, con la mejor compañía que hubiera deseado tener, el azar nos regaló (tengo que incluirte, claro) la visión de un esbelto, aunque entrado en años, Gregory Peck. Estábamos sentados en la Brasserie Lipp, en lo que podríamos llamar zona de tapas o de curiosos con recursos limitados. Peck, todo sonrisa, llevaba sobre uno de sus antebrazos un casi perro, quiero decir: uno de esos falderillos de lujo, todo pelos y tos en lugar de ladrido (no me pregunten por la raza: me gustan los perros peludos, pero grandes). Al perrillo o perrilla no le faltaba el lacito. A un costado del actor, una guapa dama, que supusimos dueña del can. Mi timidez, mi respeto por el espacio que ocupan los otros y poca o nula afición al fetichismo me impidieron correr a la caza de un autógrafo.

Pero no quiero hablar más de Peck, sino de libros. El título de este escrito es el de una película protagonizada por este señor. Es, también, el de la novela de Carlos Fuentes que sirvió de base o inspiración para el guión del film. La película es pasable, aunque recomendable para seguidores del actor y de Jane Fonda. La obra de Fuentes merece más la pena. Gringo Viejo imagina cómo pudieron ser los últimos días de Ambrose Bierce.

Cuenta la leyenda que Ambrose Bierce, más que desaparecer, murió en México combatiendo al lado de Pancho Villa. Antes de abandonar todo y marchar hacia el Sur escribió: “Si oyes que he sido colocado contra un muro de piedra mexicano y me han fusilado hasta convertirme en harapos, por favor, entiende que yo pienso que esa es una manera muy buena de salir de esta vida. Supera a la ancianidad, a la enfermedad, o a la caída por las escaleras de la bodega.”



“Bitter” Bierce fue uno de esos raros y excelentes escritores desconocidos del gran público. Fue, asimismo, una de las plumas más ácidas o aceradas que ha dado la literatura. Sin negar valor a sus relatos terroríficos más apreciados, como “La cosa maldita” o “Un habitante de Carcosa”, que siguen la estela Poe e hicieran las delicias de Lovecraft, tengo debilidad por el humor negro que revela la capacidad del ser humano para el obrar el mal en relatos como “Aceite de perro”, o algunos de los ambientados en la Guerra de Secesión, como “Chickamauga”, en el que se reflejan los desastres de la guerra en la mente de un niño sordomudo.

Y está, claro, el Diccionario del diablo. No llegaré al extremo de decir, como Savater, que “cada vez que me siento envilecido por un acceso de optimismo, leo un puñado de sus definiciones”; pero reconozco que esta obra de Bierce le quita una buena cantidad de telarañas a nuestra civilización.

Pueden encontrar el Diccionario y otras obras de este escritor en Ciudad Seva. Yo sólo les ofrezco, para acabar, estas perlas:

ADORACIÓN: Testimonio que da el Homo Creator de la sólida construcción y acabado del Deus Creatus. Forma popular de la abyección que contiene un elemento de orgullo.

CRISTIANO: El que cree que el Nuevo Testamento es un libro de inspiración divina que responde admirablemente a las necesidades espirituales de su vecino. El que sigue las enseñanzas de Cristo en la medida que no resulten incompatibles con una vida de pecado.

ELECTOR: El que goza del sagrado privilegio de votar por un candidato que eligieron otros.

HISTORIA: Relato casi siempre falso de hechos casi siempre nimios producidos por gobernantes casi siempre pillos o militares casi siempre necios.

MUERTO: Dícese de lo que ha concluido el trabajo de respirar; de lo que ha acabado para todo el mundo; de lo que ha llevado hasta el fin una enloquecida carrera; y de lo que al alcanzar la meta de oro, ha descubierto que era un simple agujero.


8 comentarios:

  1. Abro camino: creo que no he visto la película de gringo Viejo, aunque quizá sí algo en algún zapeo. No me llamó la atención ver a ese viejo Peck, tampoco he leído la novela. De Carlos Fuentes leí La muerte de Artemio cruz, que me gustó mucho, y tengo en casa La silla del Aguila, novela que compré con muchas ganas pero que no acabo de meterle mano.
    Por tanto no conozco la historia de Ambrose Bierce, aunque por lo que cuentas debe ser apasionante, dentro de ese romanticismo que ha envuelto desde siempre a escritores/revolucionarios, más aún si compartieron el polvo del camino con con los desarrapados de Pancho Villa o de Emiliano Zapata. Fueron de los primeros que combatieron el imperialismo norteamericano.
    No he leído nada de este escritor pero me encantan las definiciones, especialmente la de Historia

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  2. Impecable tu exposición. Saludos

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  3. Fuentes es un monstruo, vecino. Si no he hecho un comentario de Gringo viejo no se debe a que no es una de sus mejores novelas, sino porque en septiembre ya hice uno de Aura, una novela corta que figura entre mis preferidas.

    En cuanto a Bierce, sí que es un tipo curioso. Híncale el diente al Diccionario (aquí en pdf) y a los cuentos que cito y verás.

    Gracias, Froilán: se hace lo que se puede.

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  4. Sigo engordando la lista de cosas para leer. E ir descubriendo a Bierce.
    Gracias

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  5. Disculpa, Markos: aunque tarde, vengo a agradecer tu comentario. Bierce es de lo más recomendable.

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  6. Anonymous26/3/09 4:54

    hola
    no ze ni qe hago
    ando de ozzia

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  7. De Fuentes yo he leído La muerte de Artemio, como Francisco, así que me apunto Gringo viejo en preferentes porque Artemio Cruz me gustó mucho y Bierce me parece sublime. Hace años compré la edición de Círculo de Lectores del Diccionario y luego, pensando que Breton habría incluido a Bierce, la Antología del humor negro también del Círculo (no me arrepiento, por supuesto, a pesar de que no lo incluya).

    De las que has elegido, especialmente Historia es brutal.

    Un saludo

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  8. Marqus: Gringo viejo es más accesible que La muerte de Artemio Cruz. Si te gusta Fuentes, publiqué un artículo sobre Aura, una novela corta, pero una obra maestra. De Fuentes me gustan especialmente Terra nostra y Cristóbal nonato.

    Bierce es de culto.

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