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11 de diciembre de 2012

Una buhardilla


Hace frío en la buhardilla, pero un haz perdido ilumina con su brazo las motas de polvo. Se detendría a contemplar los matices, entre la plata y el oro, de esa lluvia lenta y efímera, antes de preparar un café cargado y muy caliente. No sabe si habrá otro día y, si este llega, cuando abra la ventana, el sol regará la habitación con una caricia delicada, envuelta un instante en el verdor que le presta la enredadera al trasponer y rozar el alféizar.

Hay mucho que hacer. Unos dicen que lo esperan en otra parte y otros hablan de que alguien vendrá a llevárselo. La maleta sigue en un rincón con una mueca que parece una pregunta que solo ha recibido por respuesta un fajo de cartas atado con una cinta azul. Nadie ha establecido un plazo y él, en cualquier caso,  no puede renunciar al café que llama desde la exigua cocina. Lo acompañará con las pocas galletas que quedan en la caja, pues Encarnita, la del segundo, le pidió la mantequilla para prepararle unos bocadillos al chico, que está preso desde el último tumulto.

Se detendría a contemplar las bayas de la hiedra e imaginar que un mirlo o un estornino hacen allí su agosto. Dicen que socava el muro y habrá que matarla. Pero hay mucho que hacer. En el banco, sujeta por el torno, espera aún la última pieza, la única pieza, entre la medalla y el camafeo. Metales pobres y calcedonias han entrado en ella después de muchos ensayos. Y después de muchos sinsabores producidos por el rechazo y la incomprensión de quienes no pueden entender que un reputado orfebre con sus puntas de joyero prefiera la paciente labor artesana al diseño de altos vuelos. Algo falta. Algo como un  matiz. Echa un vistazo a la hiedra con melancolía, aspira fuertemente, aunque el cielo está cubierto de humo, cierra la ventana y toma la lupa.

Cuando lo vinieron a buscar, ya se había ido. Resonaron las botas y las voces en la escalera. Ante la joya que reposaba en el tapete, alguien preguntó:

-¿Quién vivía aquí?
-Don Andrés –respondió Encarnita.
-Don Andrés...
-Bueno: Andrés a secas. Le disgustaba que no lo tuteásemos...

Antes de que la obligaran a salir para precintar la entrada, Encarnita, la del segundo, cuyo hijo seguía en prisión, tuvo tiempo de observar cómo, del banco que estaba bajo la ventana cerrada, surgía un brazo o un ala de luz que teñía en una débil caricia, entre el oro, el glauco y la plata, las motas de polvo de la buhardilla.




Ivy (There's No Forgetting) (Tom Fahy) / CC BY-SA 3.0

18 comentarios:

  1. Excelente y estremecedor relato Juan Carlos!
    Admirada de tus letras estoy!
    No siempre te comento, pero leo todas tus entradas.
    Repito: Toda mi admiración hacia vos y tu arte literario.
    Cariños.
    Lau.

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    1. Lo sé, Laura: eres una de las lectoras más fieles.

      Muchas gracias.

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  2. Estoy con Laura, excelente relato.
    Éste sí lo he entendido, jejeje

    Saludos

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    1. Muchas gracias, papi.

      Digamos que este es de línea clara. Tenía que ser así.

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  3. Yo estoy con ellos... Excelente :D
    Igual te animas a ilustrar con tus letras estas fotos ;)
    http://1dia1foto365momentos.wordpress.com/category/foto-del-dia/una-historia-con-imagenes/

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    1. Muchas gracias, Manolo. Y bienvenido.

      He echado un vistazo a tu página: hay fotos muy sugestivas. De este modo, es muy posible que me anime a hacer algo. Me encantan este tipo de retos. Si surge algo, te lo diré, no sin antes haber correspondido con mis palabras a tu amable visita.

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  4. Delicado relato. Un drama cargado de una sensibilidad exquisita. Me ha emocionado.

    Sobre la música todavía no tengo una opinión. Estoy en ello.

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    1. Muchas gracias, Teresa.

      No sé a cuál de las piezas musicales te refieres. En cualquier caso, la canción de los Genesis (los que siempre me han parecido mejores, con Peter Gabriel al frente) que estaba en la gramola, confieso que puede resultar difícil de roer. Hay que escucharlos despacio. Algo parecido sucede con "Ivy" de Tom Fahy. La escogí por varias razones. En primer lugar, porque me parece dignísima, como una de tantas obras que se difunden en internet con licencias Creative. El tempo me parece el más adecuado para acompañar al texto. "Ivy" singifica "hiedra" y, todo hay que decirlo, me enamoró el eco del saxo.

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    2. Pues si no me lo llegas a decir, no la veo. Vaya, me encanta. Sólo había visto la canción de los Genesis que estaba en la gramola.

      Mi despiste no tiene nombre. Gracias.

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    3. Nunca es tarde, si la dicha...

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  5. Que triste y que bonito.

    Y al igual que Juanjo, este tb lo he entendido. ¡Yuhu!

    Un abrazo ;)

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    1. ¡Mija!

      Gracias. Espero que te vaya bien el MIR.

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  6. Y yo también y al igual que todos ellos te digo que es un excelente relaro, me ha emocionado...
    Un beso Juan Carlos TQM amigo,

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    1. Muchas gracias, Rosa. Otra de las incondicionales.

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  7. Todo un arte, esta es literatura! extraordinario Juan Carlos, miles de abrazos :)

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  8. Si digo que es un relato bello y emocionado supongo que no aporto nada a estas alturas, pero no puedo pasar sin decirlo. Y la música (reconozco que no suelo oirla) va de perlas, con esa triste melancolia.

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