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29 de octubre de 2010

La casa de al lado

Primero es un arrastrar de sillas y puertas que se cierran de golpe.

A diferencia de otras ocasiones, después del baile de puños, labios y ojos tumefactos, la duración de los gemidos se alarga hasta escucharse claramente:

-¡Yo te quiero, maldita!

Luego, un aullido al que sigue, casi tímida, la primera detonación.


7 comentarios:

  1. Papi, dame un respiro...

    Besos.

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  2. Si ya lo dice el refrán: "Quién te quiere te hará sufrir". ¿Sabiduría popular?

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  3. Precísamente, ya está en la redacción del diario, una entrada sobre la violencia de género, donde termino apostillando:

    Gandhi decía que "la verdad es totalmente interior, no hay que buscarla fuera de nosotros, ni querer realizarla luchando con violencia con enemigos exteriores".
    Pero hasta las palabras de Gandhi me parecen imposibles, me parecen inservibles y lejanas, porque esa verdad interior a la que señala es la misma que nos traiciona luego.Yo creo que no existe solución para esta plaga, que es una especie de lotería que si te toca te ha jodido para siempre la vida.

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  4. Maestro, el escalofrío que me has hecho sentir.
    Nunca entenderé escenas como la que cuentas magistralmente.
    Abrazos

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  5. Lo siento, Anna: la vida es dura y hay que contarlo.

    Francisco: si es sabiduría popular, apunta a algo muy oscuro de la naturaleza humana.

    Froilán: ruego des enlace de la entrada a la que te refieres. No sé si hay solución. Quisiera creer que sí, aunque no todos estemos a la altura de Gandhi.

    Markos: gracias. Tampoco yo lo entiendo; por eso, entre otras cosas, escribo. La escritura no debe ser un mero entretenimiento.

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  6. Tantas veces... pero incluso una es demasiada.

    Carpe Diem

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  7. Cierto, Cosecha. Pero parece que nunca se da una sola vez.

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